Elizabeth Torres

Selección y traducción de los poemas al sueco: Lalo Barrubia

[Svenska]


Depredador

El olvido posee cualidades ideales
para viajes de larga distancia.
Lleva ya varios meses siguiéndome
y aún no se cansa.

Su estrecho pecho y su potente espalda
le facilitan una locomoción eficiente
las veces que intenté perderlo de vista,
quedé llorando y sin aire.

Parece que puede cazar tanto de día como de noche
gracias a su agudísimo sentido de olfato
y a su visión nictálope.
Además
creo que soy presa fácil. Me analiza y sonríe.
Me huele y parece reconocer mis pesares.

Yo también lo estudio:
El olvido es tan ágil
que puede cubrir varios kilómetros
a una velocidad de 10 recuerdos por hora,
pudiendo alcanzar velocidades
de 65 recuerdos por hora
en una noche como esta.

Mientras corre a gran velocidad puede cubrir
cinco metros por salto.
(En realidad es más como un puñal
atravesando el tiempo.)

Las patas del olvido
están adaptadas para andar con facilidad
por una amplia variedad de terrenos,
especialmente nieve y tierra blanda:

tiene una pequeña membrana entre cada dedo,
que le permite moverse por la nieve
con más facilidad que a sus presas.

Le he escuchado acercarse mientras duermo.
Se echa a mi lado y me lame la frente
pero aún no intenta morderme.

Ya no sé
quién persigue a quién:

ahora que ha llegado el invierno
me gusta saber que si me vence el frío
puedo esconderme
en sus mandíbulas
descansar en paz
entre sus tripas

Distintos espantos

Si no entiendes amor las lenguas con las que te acaricio
no las cortes que no vuelven a nacer. 
Vienen de un trozo de astro distinto
de la condena de los desaparecidos 
cada sílaba es un pájaro migrando al sur
reposando en tu hombro 
reclamando un poco de agua
no las espantes / no borres sus nidos de tu boca

que después sus hijos no sabrán volver a tí. 

Tú y yo no somos el mismo espanto
pero vamos aprendiendo a reflejarnos
no busques mi origen 
no intentes traducir los dialectos de mis habitantes 
déjalos bailar en tu cuerpo toda la noche 
déjalos perderse en tu furia toda la vida 
déjalos tejer con su sangre los pedazos de ti que cayeron en la guerra. 

pero por favor, no te consideres arqueólogo 
cada vez que te lleven a mi núcleo. 
Y si a veces son sólo ruidos insensatos los que te llaman

sólo tormentas, estornudos y naufragios
en una esquina un perro rabioso lamiéndose las patas 
y el resto sólo incendios 
¿qué ganas con hacerte jaula? 
¿qué ganas con domesticar el grito?
¿con qué flecha intentas apagar el sol?

Si no entiendes amor las lenguas con las que te acaricio 

de pronto ya nos vamos apagando 
de pronto se cumplió la maldición de los ancestros… 
de pronto nos llegó el fin del mundo
y ni cuenta nos dimos.


Después del sobresalto

Ataste a la intención un nombre
una memoria blanca
un destello.
La tierra quedó inmóvil ante tu miedo.

Te vimos
recoger los escombros de tu angustia
intentabas pegarlos con un poco de lodo
a los bordes de tu sombra.

No hay catedral más grande
que la de tu silencio
mientras dentro de tí buscas
el origen de la herida
no te alcanzan las manos para trazar el mapa
tus lenguas no prefieren el lenguaje
tus memorias sin secuencia alguna
revolotean por toda la sala.
Nosotros que no somos más que espejos
rojos – amarillentos – pálidos
intentamos no respirar
no interrumpir la explosión
no delatarnos.

Ataste al corazón una promesa inerte
una enfermedad mental
un sacrificio injusto
¿pero qué es justo
cuando se habla del destierro?

Una vereda se quedó sin habitantes
cuando recibiste la llamada.

El pavor es contagioso
el paisaje es un desastre.
No hay suficientes ventanas para liberar
todos los fragmentos del amor que ahora huye
se van golpeando sobre la superficie
se van lloviendo por entre los poros
se van formando en una sola masa insoportable
sobre los temblorosos dedos de tus manos.

Te hemos visto
recoger los escombros e intentar morderlos
tragarlos con un vaso de lágrimas pero siguen derramándose.

Nada después del sobresalto será lo mismo
nosotros ya no nos somos
en la huida todo es caos
de súbito emigraron
todas las respuestas lógicas.
Tú tampoco estás,
tu sombra en una esquina llora desconsolada.

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* Foto: Leena Manninen y Daniel Malpica

Elizabeth Torres (Colombia/EEUU/Dinamarca)
https://madamneverstop.com